Durante siglos la posición del hombre por sobre la mujer se ha llegado a considerar prácticamente natural, casi indiscutible, a pesar de esto, son pocos los argumentos que nos ayudan a justificar esta jerarquía arbitraria. Sin embargo, dentro de estos podemos encontrar algunos tan arraigados a la tradición occidental que se hace casi imposible arrancarlos de raíz, uno de ellos pertenece a una de las principales religiones del mundo: El cristianismo.
Para poder ahondar en nuestro tema debemos comprender la noción de violencia simbólica definida por Pierre Bourdieu, señala que esta violencia “(…) violencia amortiguada, violencia insensible e invisible para sus propias víctimas que se ejerce esencialmente a través de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente del desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento.” (Bourdieu, 1998)



